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129. ACERCA DE LA ÉTICA Y LA DIVERSIDAD SEXUAL.

El desarrollo de la reflexión ética hace parte del esfuerzo de construir un discurso de ciudadanía. Lamentablemente, la ética, en muchos espacios académicos, políticos como sociales y culturales, ha terminado por convertirse en un discurso gaseoso desde el cual se trata de justificar unas pautas particulares de acción. Pero para quienes hemos tenido la oportunidad de orientar esta disciplina desde el ámbito de la educación básica y media, la ética[1] como teoría filosófica de la moral, entendemos que ante todo, pretende establecer criterios  universales de la conducta humana. Por consiguiente reflexiona, explica y justifica, pero de lejos tiene ese carácter normativo que se le pretende atribuir. En otras palabras, en la ética, no encontramos nada más que razones para justificar un modelo de vida, además de una invitación a ser consecuente entre el discurso y la práctica, entre la teoría y la acción.


En coherencia con lo expuesto, el desarrollo de la ética como saber apunta a generar líneas de acción que brinden la oportunidad de realización humana, la toma de conciencia del mundo y la co –responsabilidad en el cuidado, preservación de “Nasa Kive”, nuestra madre tierra en el lenguaje de los indios Paeces. Así, la ética, bien sea desde la manera como nos relacionamos con nosotros mismos, incluido nuestro propio cuerpo, o vista desde el impacto que la tecnología y la ciencia tiene sobre la misma concepción de la vida, nos abre inmensas posibilidades de poder desarrollar y validar nuevas  subjetividades, nuevas maneras de vivir, de ser y estar en el mundo.

Recordemos que hasta hace relativamente corto tiempo, eran las religiones las que regulaban la moral y validaban los actos que se consideraban “buenos” en tanto promovían la dignidad humana y nos acercaban a la gracia de ese Dios o dioses en los que se creen. De otra parte, los filósofos de la ilustración, orientaron sus esfuerzos a encontrar un nuevo cimiento para construir una nueva sociedad. En ese proceso, la modernidad ha transcurrido, entre la fe en Dios o la Fe en la Razón.  

Hoy, ante la crisis de las instituciones eclesiásticas y su incapacidad de responder a nuevos retos y preguntas sobre el ámbito de lo moralidad, hemos tenido que buscar nuevas maneras de entendernos con dichos problemas y retos.  Y es ahí, donde la reflexión ética se reivindica como válida en tango logra deslindarse de las visiones religiosas predominantes. Tal es el caso de la emergencia de nuevas concepciones sobre la sexualidad  y sus manifestaciones de parte de los seres humanos.  Entonces, cabe preguntar, ¿Cómo pensar la diversidad sexual a  la luz de la ética? ¿De qué manera podemos sustentar y validar la diversidad sexual desde una mirada de la ética de la ciudadanía y de la convivencia?

Y en este espacio, es pertinente  ser reiterativo. Mientras la ética tiene como propósito el estudio sistemático de la moralidad; la moral como producto social refiere los comportamientos validados históricamente y que se consideran permiten desarrollar lo humano.  A su vez, es importante considerar que las religiones como modelos explicativos y orientadores de la vida humana; cumplen y han cumplido dentro del conjunto del tejido social, así como un papel fundamental en lo relativo al desarrollo del orden social y la construcción de una imagen de nuestro lugar en el mundo. 

En otras palabras, las religiones han tenido la capacidad de formar una concepción de la moral basada en sus propios dogmas. Y esa moralidad es una más, por tanto, fuera de esa visión de la moral, pueden desarrollarse otras formas de moralidad que aunque tenga un cimiento similar, si consideramos  que las religiones en un buen sentido, apuntan a fundamentar la solidaridad y la resistencia, alimentan “un anhelo, en definitiva, que sólo es verdadero cuando está equívocamente bajo el signo de la resistencia y del inconformismo, no de la resignación y la añoranza”[2]. Lograr generar una visión lo suficientemente amplia de la moral sin caer en los relativismos, es el reto que una sociedad debe poder asumir en el presente. 

En un libro de lectura reciente, Hombre con Hombre, Mujer con Mujer. Colombia Gay, en el cual el autor realiza un conjunto de entrevistas a personajes de la comunidad LGBT a fin de explorar la realidad de la situación actual de dicho colectivo en el país, encontré dos referentes a considerar que aportan luz en estas ideas. De una parte, Luis Guillermo Baptiste señala que no hay un orden natural en sentido estricto. Cuestiona por tanto la ideal de la moral como reflejo de un orden natural y agrega… “Si hay algo que se pueda considerar orden natural son el cambio, las transiciones y la evolución”[3] De esta manera, la ética habría de tener por objeto una reflexión sobre la realidad en constante movimiento y por tanto no puede limitarse a sustentar una manera única o hegemónica de moralidad.  En este sentido, la sexualidad humana y sus manifestaciones  son el producto de una visión de la corporalidad como de la  expresión del afecto y la identidad del ser. Por eso, reconocer que “existen tantas expresiones como seres humanos existimos. Ninguna sexualidad es igual a otra. ¡Es tan particular y tan personal como lo es la huella digital!”[4] resulta esencial.

A manera de conclusión, apostar por la igualdad desde lo ético en lo referente a la diversidad sexual que visualizamos en nuestra cotidianidad como el colectivo LGBT es limitar la mirada frente a la diversidad de expresiones de lo humano y la complejidad de la cultura humana. Por el contrario, asumir una postura moral basada en la diferencia, nos reta a pensar nuevas maneras de relacionarnos.  Por eso, más que la tolerancia, el respeto como principio resulta esencial ya que desde la subjetividad, emergen nuevas maneras de vivir y estar juntos, de construir una sociedad democrática, fundada en la justicia y la libertad.

Pereira, Colombia, 30 de agosto de 2011



[1] Ver Marquinez, Germán y otros. Filosofía en Perspectiva Latinoamericana 11. Bogotá D.C: El Búho, 2006. Pgs 64 y sgtes.
[2] Horkheimer, Max. Anhelo de Justicia. Teoría Crítica y Religión. Madrid: Trotta, 2000. p.30
[3] Celis Alban, Francisco. Hombre con Hombre, Mujer con Mujer. Colombia Gay. Bogotá D.C: Intermedio, 2009. p.18
[4]  Ídem,… p. 76.

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