domingo, 24 de agosto de 2008

55. LA CONVIVENCIA Y LA PAZ: PRINCIPIOS DE NUEVOS ACUERDOS SOCIALES

En un mundo interdependiente, en el que cada día nos vemos en la constante necesidad de establecer relaciones con quienes nos rodean a fin de satisfacer nuestras necesidades materiales y espirituales, resulta esencial generar un conjunto de actitudes y habilidades favorables hacía la convivencia y la paz. Empecemos señalando que los seres humanos no nos bastamos a nosotros mismos. Somos por el contrario, en tanto seres gregarios, seres que establecemos relaciones de manera constante con otros. Algunas de estas relaciones podrían ser perjudiciales y algunas más enriquecedoras. Asumir estos principios la convivencia y la paz como fundamento de nuevos o renovados acuerdos sociales es mucho más que establecer un delicado equilibrio entre intereses particulares y colectivos. Es por el contrario, tener la capacidad de optar por una manera de ser en la que la solidaridad y la cooperación permitan el desarrollo humano en armonía con el medio natural. Autores y organizaciones de diverso orden, inspirados en los ideales modernos “la libertad, la justicia y la solidaridad” han desarrollado proyectos y programas en este sentido, bien sea como reflexiones teóricas orientadas al desarrollo de una cultura de la paz desde la perspectiva que ofrece la ética y la filosofía, o bien desde el trabajo comunitario activo.

El presente escrito, pretende sustentar dentro del contexto expresado, que generar una Cultura de la Paz como eje orientador de acuerdos sociales brinda la posibilidad de construir principios o referentes esenciales de convivencia y paz en los espacios humanos de relación tales como la familia y/o la Escuela. Para entender lo expuesto, es necesario abordar el concepto de la Cultura de la Paz dentro de un contexto tanto universal como local, considerando posibles estrategias particulares de intervención en una realidad compleja como una manera de abrir caminos en medio de la oscuridad hacía un futuro en el cual valga la pena vivir humanamente. De esta manera, la convivencia y la paz, no solamente serán conceptos ideales, sino experiencias humanas concretas posibles.

¿Qué es la Cultura de la Paz? La Asamblea General de las Naciones Unidas en el año de 1999, formuló la “Declaración y Programa de Acción de Una Cultura de la Paz” en el marco del inició del “Decenio Internacional de una cultura de la paz y no violencia para los niños del mundo” 2001 – 2010. Esta propuesta orienta esfuerzos de parte de todas las naciones a favorecer la solución de conflictos de manera pacifica, enfrentando las tendencias que se presentan a rechazar las diferencias que se han hecho más acentuadas entre los pueblos y las culturas a medida que la globalización sigue siendo impulsada por la tecnología como apuntalamiento del sistema económico supeditando las dimensiones cultural, social y política a su marcha. En esta declaración se dice que “una cultura de la paz es un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida,… basados entre otros… en el respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y práctica de la no violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación…”[1]. Y más adelante, se indica “el progreso hacía el pleno desarrollo de una cultura de la paz se logra por medio de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida propicios para el fomento de la paz entre las personas, los grupos y las naciones”[2].

Teniendo la perspectiva señalada, es valido plantear algunas cuestiones que orienten nuestra reflexión, ¿Cómo generar esos valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida?, ¿En donde encontrar las fuerzas humanas que nos permitan desarrollar desde un contexto concreto, ese ideal de convivencia y paz desde una visión cultural de vida? Como lo expresó en su momento Alain Touraine[3], en un mundo desgarrado por la globalización económica como modo privilegiado de desarrollo capitalista; en un mundo bajo el impacto radical de la revolución científico tecnológica y sus implicaciones en las dimensión social, política y cultural; en un mundo en proceso intenso de recomposición política, donde se evidencia un retroceso en el nivel de vida de muchas comunidades y pueblos en diversos lugares del mundo y donde hay un predominio de lo privado sobre lo público se hace evidente la necesidad de encontrar nuevos referentes, nuevas fuerzas que nos motiven a vivir.

En consecuencia, ¿Cuáles serían las nuevas apuestas emergentes?, ¿Hacía donde orientar los procesos de desarrollo en favor de la justicia y la equidad? Para quien se interese por el conocimiento de la historia, ha de entender que los procesos históricos son dinámicos y adquieren su propia dinámica, que no hay una línea determinada que oriente la marcha de la historia, que se pueden generar saltos o retrocesos y que la dialéctica de la historia marcha al ritmo de las contradicciones. Es en esta perspectiva que hemos de comprender el conflicto a pesar de las múltiples manifestaciones que adquiere, bien sea mediante la usurpación de los recursos naturales de las naciones, la lucha por el control geopolítico de ciertas regiones, la xenofobía, la discriminación, la violación de los derechos humanos, el desconocimiento del derecho a la diferencia de genero, de preferencia sexual y de religión por señalar algunos de los aspectos que hoy son motivo de conflicto en el mundo, es una oportunidad de encontrar nuevas maneras de ser, de estar y de actuar en el mundo.

Es por tanto necesario revindicar la dimensión positiva del conflicto. Este puede ser un momento en que los hombres y las mujeres han de verse así mismos, reconocerse en las diferencias, de encontrar la riqueza que ella genera y optar por construir de manera cooperativa un mundo mejor, otras maneras de vivir, quizás más justas para todos, aunque pareciera que la marcha del renovado impulso capitalista supedita y condiciona el desarrollo humano.

En nuestro país, no hemos sido ajenos a la influencia de dichas tendencias. Asistimos al desarrollo de un impulso inusitado de la sociedad consumista, de la sociedad del bótese después de usar en el cual todo entra en el complejo proceso de intercambios, usos y desechos incluyendo las mismas relaciones humanas de amistad y familiares. Es así como en algunas ciudades vemos espacios diseñados para el consumo como un fin en si mismo y como se pierden esos ideales que en muchos casos se formulan como bellas palabras como son la paz y la armonía. De otra parte, a pesar que por un lado las estadísticas económicas evidencian un mayor crecimiento económico, bien vale la pena preguntar, quienes han sido los beneficiarios de dicho progreso y sobre todo la validez de las estadísticas y al servicio de quien o quienes se encuentra y sin duda un análisis juicioso de ellas derivaría que la brecha entre quienes han tenido mayores ingresos y quienes han estado fuera de dichos beneficios nos hacen pensar en lo inequitativo del modelo en el cual vivimos.

No obstante, si planteamos la importancia de desarrollar una cultura de la paz se ha de partir que esta solamente es producto de la interacción de las personas entre sí, de las unión de voluntades por dar una solución pacífica y negociada a los conflictos que surgen cotidianamente, generando una actitud favorable, hacía la paz y la vida en comunidad desde nuestros espacios inmediatos de acción y sentido. Crear convivencia y paz es una tarea que ha de comprometer a todos y son en últimas, actitudes que se aprenden diariamente. En el caso particular del desarrollo de la Cultura de la Paz y la Convivencia, la familia, siendo una institución básica de la vida humana, entendida como espacio básico de relación, enfrenta una crisis en su estructura llevando en muchas ocasiones a su disolución o a su replanteamiento en lo referente a objetivos, especialmente los colectivos que antes los podían unir. La familia, para bien o para mal es un referente de identidad, nos permite comprender en gran medida quienes somos y ahí es cuando la convivencia y la paz adquieren gran importancia. Revindicar estos principios en las familias es una manera de fortalecer nuestro ser en el mundo. Fortalecer esas relaciones primarias, fundamentales, son maneras de construir una familia en la convivencia y la paz.

De otra parte, en lo que respecta al mundo escolar, que es un espacio básico de socialización y aprendizaje, así en la actualidad se vea opacado por la influencia determinante de los medios de comunicación, donde se generan unos espacios importantes de vida en común que han de ser la base para la convivencia social y la paz, se hace necesarios redefinir los roles y espacios de influencia en cuanto a sus objetivos. En las instituciones escolares, no solamente circulan saberes, se confrontan estructuras de poder o se adquieren competencias laborales, sino también se desarrollan “competencias” habilidades básicas para la vida en comunidad y por tanto se generan estructuras mentales acerca de cómo vivir y estar en el mundo. Es esta dimensión la que se debe favorecer de tal manera que permita educar a un hombre que sepa vivir en el mundo, un mundo múltiple, diverso y que ante todo promueva lo humano.

Familia e instituciones educativas son espacios donde la vida cercana, donde el contacto del cuerpo y el alma debe ser el insumo fundamental para la vida, la paz y la convivencia. Hay muchas cosas que ayudan a generar una actitud favorable hacía la vida. Cuando cada una de las personas tiene la posibilidad de hablar sobre sus sentimientos y anhelos, sobre sus pensamientos y pareceres, sus cansancios y éxitos, estamos aportando a formar una cultura de diálogo esencial para la convivencia y la paz. Otro aspecto que aporta de manera definitiva a generar convivencia y paz es el respeto por lo público, por lo que es de todos, por los bienes colectivos y en tercer lugar desarrollar una actitud interior, una vida espiritual orientada hacia la fraternidad, la solidaridad y la compañía en la diferencia que nos permite crecer humanamente.
[1] Organización de las Naciones Unidas. “Declaración y Programa de acción de una Cultura de la Paz”. Asamblea General, 6 de octubre de 1999, artículo 1.
[2] Idem, …, artículo 2.
[3] Tourine, Alain. ¿Podremos vivir juntos? El destino del hombre en la Aldea Global. Santafé de Bogotá D:C: Fondo de Cultura Económica, 2000.

1 comentario:

Anónimo dijo...

el tema de la paz y la comvivencia, son un poco complicados de discutir, y mas aun en una sociedad que esta atrapada en el capitalismo y consumismo, los cuales generan un ambiente de competencia y egoismo, ya que las personas se dejan ilusionar por todo lo que les promente el capitalismo y es lo que los impulsa a tratar de ser cada dia mejor que el otro a como de lugar y esto evita el pleno desarrollo de los valores tratados anteriormente.

en general creo estar de acuerdo con la mayoria de los argumentos que expone el profesor Diego y comparto gran parte de sus ideas a la hora de abordar este tema de la paz y la comvivencia lo que conlleva a hablar tambien de la gran inequidad que sentimos cada vez que vemos como las riquesas producto de la globolizacion se que dan en manos de los mas adinerados acumulando el capital mientras otro mueren de desnutricion al no tener como alimentarse, y esto es lo mas cruel que pueda suceder en esta sociedad de consumo que nos hace indiferentes y como dice el refran salvese quein pueda!!!. Este gran problema es el que debemos solucionar primero que todos, y de esta manera comenzar a construir una buena comvivencia y paz (iniciando en lo mas pequeño que es el hogar hasta terminar en lo mas grande, EL MUNDO ENTERO).

DANIEL ALEXANDER HIDALGO OCAMPO
ACADEMICA HUMANIDADES 11-08